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Nota del editor: esta es una crónica escrita por un participante de aquella infame pelea que refleja las situaciones de las barras que apoyan a los equipos de la final del futbol mexicano y no representa el punto de vista deVICE Sports.

Fue una madriza de aquellas, un combate épico en donde resistimos lo más que pudimos. Y si nos madrearon fue porque nos superaban en cantidad, pero aún así les dejamos un recuerdito para que vean que La Rebel se faja ante quien sea y en donde sea. En Monterrey se ponían bien machos, pero al DF no venían por el miedo de saber que se las estábamos guardando, así son los Libres y Lokos.

Llegamos a Monterrey por el sábado por la mañana, cansados de viajar toda la noche y con el alcohol por las nubes. Viajamos pocos en esa ocasión, era la última jornada del Clausura 2007 y Pumas estaba eliminado de la Liguilla. En total fuimos como unos cinco camiones desde el DF, más la gente que va de otros lados y el minúsculo grupo de regios que alientan a Pumas.

Las barras de Pumas y Tigres alguna vez convivieron en paz. Foto: Vice Media

Como de costumbre, no todos teníamos boletos, algunos los tuvimos que comprar en reventa y es que hay muy pocos para la hinchada rival, no es un secreto, pero las taquillas nunca están abiertas y los boletos destinados a nosotros, casualmente, los tenía la reventa al triple de su costo original. Ni pedo. Los que podemos los compramos porque hacer un viaje de 14 horas para no ver el juego está cabrón. No sé qué pasó que el líder de la barra tenía entradas de otra sección, una grada arriba de los Libres y Lokos, nunca supe el por qué pero la seguridad no quiso cambiarles los tickets o ingresarlos con esos boletos a la grada visitante. Aunque la tensión no empezó desde ahí.

Es bien conocida la amistad que teníamos, la gente de Pumas, con los Libres y Lokos de los Tigres. Ellos venían y comían con nosotros, bailábamos, cantábamos, nos empedábamos juntos y hasta intercambiábamos mujeres. Cuando nosotros íbamos a Monterrey nos recibían a toda madre, carnita asada, chelas y todo el pedo. Después la dirigencia comenzó a alejarse un poco y poner barreras, querían que la barra dejara la amistad de lado. Era normal el intercambio de camisetas entre la hinchada y los Libres, ese día no fue la excepción.

La paz entre ambas hinchadas fue frágil. Foto: Vice Media

Llegamos muy temprano al estadio, recuerdo que los puestos de comida, banderas y demás apenas se iban poniendo. Yo llegué en el primer camión, le dimos una vuelta al estadio al ritmo de: “Ole le, ola le. A esta chingadera, le llaman el Volcán”, una y otra vez, creo que dimos dos vueltas al estadio en total, ante el asombro de los pocos presentes. Yo también estaba extrañado porque si era una hinchada amiga no era correcto que les cantáramos así. Pero bueno, nos bajamos del camión y seguimos cheleando, otros consiguiendo boletos y unos más haciendo de las suyas.

Pasó el tiempo y comenzaron a llegar los Libres, algunos fueron a vernos, a saludarnos, a cambiar camisetas, echarnos una chela, compartir comida; en fin, lo de siempre.

Conforme se acercaba la hora del partido la tensión comenzó. Llegaron los demás camiones y uno entero tenía boletos cerca de la zona de los Libres y la seguridad no hacía nada por cambiarlos de zona. Otros más comenzaron a ingresar al estadio bajo un filtro vergonzozo: había como un vestidor previo a ingresar al inmueble, ahí te hacían desvestirte, literal, calzones abajo, camiseta arriba, calcetines fuera, todo. Y luego ahora sí, pásele pinche chilango.

La dirigencia de la barra acordó ir a la zona de la que tenían boletos sin garantías de seguridad. Claro que tampoco llegó muy amistosa, recuerden que querían romper esa amistad que había existido por años y ese era el momento perfecto. Se fueron en caravana desde la zona de visita hacia la zona de los Libres, pasando por la Tienda Tigre, siempre al ritmo de: “Títeres, títeres, títeres”, o “Poropopón, poropopón. No son los Libres, es la Adicción (barra de Rayados enemiga de Tigres)”.

Claro, a nadie le gusta que lo insulten en su propia casa. Total que el juego estaba por comenzar y había algunos Libres y Lokos fuera del estadio, muy pocos. Pero tuvieron que hacer frente y defender su casa. Supongo que ellos pensaron que la barra los fue a buscar, a provocar, no sabían que tenían boletos de esa zona. Comenzaron a volar las piedras por todos lados, de inmediato salieron los palos y algunas cosas de los comerciantes fueron tomadas como armas. Golpes por aquí, golpes por allá. Rápido la hinchada los echó para atrás, pero fue cuando salió el grueso de los Libres y Lokos del estadio y entonces sí se armó la gorda. El combate fue desproporcionado, la gente de Tigres superaba en número a los de Pumas y aún así les dimos batalla, ahí están algunas crónicas de la madriza que no nos dejarán mentir.

Habrán sido como unos 10 o 15 minutos de madrazos, cuando las cosas se calmaron algunos pudimos entrar al partido, creo que empatamos a un gol, pero el camión con el grueso de la barra se tuvo que regresar al DF, o mejor dicho lo regresó la policía para evitar más pedo al final del juego. Las cosas estaban feas. Los Libres volvieron a entrar al estadio y fue cuando nos cantaron por primera vez: “Es un mito, la Rebel es un mito”, mientras abrían y cerraban las manos para que los viéramos. Claro que les contestamos, con los mismos gestos: “Ooooooh, no se escucha nada, esa barra, de cagada”. Al final del partido los encerró la policía hasta que se vació el estadio, primero salimos nosotros y la policía casi casi nos sube a madrazos a los camiones, escoltados unos kilómetros y de regreso al DF sin escalas, incluso nos sacaron unos 10 minutos antes de que terminara el partido. Es que el pedo estuvo fuerte.

Esto que les platico fue la primera madriza. Al siguiente torneo nos enfrentamos en CU, ah pero todos saben que acá las cosas son diferentes, los Libres están bien enterados. No me consta pero se dice que el Samuel, líder de los Libres y Lokos, llamó al dirigente de la Rebel para decirle que había sido una confusión, la putiza, que habían sido integrantes de la Adicción disfrazados de Tigres y no gente de los Libres. Que querían venir como siempre, sin pedos. La respuesta, según se rumoró porque les repito no me consta, fue un “Vengan, acá los vamos a recibir bien, Ya tuvieron la suya, ahora va la nuestra”. Evidentemente no vino uno solo y Pumas le metió tres a los Tigres. Así pasaron años sin que se atrevieran a venir, y cuando lo hicieron, bien escoltaditos por la policía. Incluso la primera vez que vinieron, dicen, los regresaron en la caseta de Pachuca, antes de entrar al DF. Incluso se rumoraba una alianza con la gente del América para poder enfrentarnos en el DF.

Ellos no vinieron, pero nosotros sí fuimos a Monterrey al otro torneo. del resultado del partido ni me acuerdo, pero la madriza que nos dieron fue épica. Nos emboscaron. Se escondieron entre los carros del estacionamiento y nos emboscaron muy cabrón. Nunca pudimos juntarnos, organizarnos. Nos pegaron feo desde el principio, para el recuerdo queda aquella imagen de “la Pancha” llorando mientras una policía atiende a mi carnalito “el Canti”, quien como de costumbre iba ahogado en alcohol y cuando le cayó la primera piedra ni cuenta se dio, después los Libres lo madrearon a su paso, cuando le pregunté en el DF, tiempo después, entre risas me dijo: “el que pasaba me pateaba y todos caminaron sobre mí. Sentí como si me pasara un maratón encima”. Qué madriza nos dieron.

El primer gran enfrentamiento entre ambas barras fue más que intenso. Foto: Vice Media

Pero como les digo, nosotros siempre al pie del cañón. Seguimos yendo a Monterrey, eso es lo que nos distingue de ellos, nosotros tenemos aguante y ellos, cuando se atreven a venir, piden custodia policial, corren por todo el Pedregal, porque saben lo que deben. El jueves nos vamos a ver allá, y de a como nos toque, pero el domingo ellos van a tener que venir y ahí entonces sí quién sabe.

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