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1. Alguna vez te cayó la maldición gitana…

Y ni modo… tuviste que sacrificarte la semana completita.

 

2. Pero sabes que la verdadera maldición se esconde detrás de proponer “algo tranqui”.

Hagamos algo tranqui, dijeron. Mañana hay que trabajar, dijeron. Algo tranquisiempre termina con alguno de los siguientes problemas: celular ausente, heridas que no sabes cómo te provocaste, cartera con una singular ausencia de dinero, pareja encabronada, un montón de llamadas que esperas nadie haya contestado, entre muchos, muchos otros. Consejo: ¡siempre vayan por todo!

 

3. Sabes que el mezcal no te emborracha, te pone mágico…

Si con mágico se refieren a ese estado en el que no puedes levantar la cabeza de la mesa y comienzas a hablar como Miss Othmar (la maestra de Charlie Brown), mientras tú crees que de tu ronco pecho están saliendo versos que pondrían a temblar a cualquier poeta maldito… entonces sí, el mezcal te pone magiquísimo.

 

4. Has tomado más Bacardi de lo que cualquiera se sentiría orgulloso de admitir.

El murcielaguito negro es el verdadero padrino de toda fiesta en México. A pesar de la tradición tequilera del país y de la revaloración del agave, la primera botella que se hace presente -y la más grande- siempre es la de Bacacho.

 

5. Y obviamente sabes lo que es una patona.

Y lo que implica que alguien llegue a la fiesta con una.

 

6. Para ti hay dos tipos de chela: clara y oscura.

Bueno, tres si cuentas la campechana. Aunque la avalancha de chela artesanal empieza a inundar el mercado mexicano, toda la tipología asociada a este mercado sigue siendo vista con recelo por aquellos cheleros que no están en el ajo de la malta y el lúpulo.

 

7. Eso sí, cuentas con un extenso catálogo de las distintas formas en las que se puede preparar una cerveza.

Micheladas, cheladas, cubanas, clamachelas y gomichelas son sólo una muestra del extraño y vasto mundo de la chela preparada. Aberración para algunos, ambrosía para tantos otros.

 

8. Y sabes que no es lo mismo chelear quecaguamear.

Cada una es una forma de esparcimiento única y distinguible.

 

9. Recuerdas esa época de pánico que azotó a antros y bares…

Porque #hielosconéter.

 

10. No sabes bien qué onda con el vino

Aceptémoslo, no tomamos vino de forma regular -no, la Caribe Cooler no cuenta. Sigue siendo un bicho raro que sale a relucir en eventos importantes y en muy pocas otras ocasiones. Sin embargo, la cultura del vino en México ha ido tomando auge en los últimos años y dos regiones vinícolas importantes en el país son testigos de ello.

 

11. No recuerdas nada de esa vez que te aventuraste a fiestear con aguas locas…

Y tal vez sea mejor así. Lo que pasa con el Tonayán, que se quede con el Tonayán.

 

12. El charro negro, la paloma y el tequila sunrise fueron testigos de tus funestos pininos en el mundo del alcohol.

Probablemente porque el tequila estaba de moda, probablemente porque no sabías el nombre de ningún otro coctel, probablemente porque eras un neófito de los horrores de la cruda. Si éste fue tu caso, es probable que todavía sientas un frío glacial recorrer tu cuerpo cuando detectas el distintivo olor de  Jimador con jugo de toronja.

 

13. Y si sobreviviste al primer embate de los cocteles de tequila…

Seguro palideciste ante la furia del muppet. La forma más avanzada para aniquilar el gusto por el tequila que jamás se haya inventado.

 

14. Le tienes un especial respeto a las plantas de agave.

Después de todo, de ellas provienen cosas tan maravillosas como el tequila, el mezcal, el pulque, la raicilla, el bacanora y tantos otros licores igualmente buenos y orgullosamente nacionales.

 

15. Te las has tomado de Hidalgo.

Y sabes que poco tiene que ver con las proezas del cura de Dolores, sino más bien con la necesidad de no parar hasta dejar el vaso prístino. ¡Fondo, fondo, fondo!

 

16. Sabes lo que es un jarrito loco.

Y para estas alturas… ya se te antojó uno.

 

17. Le quitas la sandía a tu ensalada de frutas después de una noche de juerga.

No es que creas en mitos infundados… pero no vaya a ser. A final de cuentas, la sandía ni te gusta tanto y crudo, mucho menos.

 

18. Sabes que cualquier día de la semana es bueno para echar un trago…

Pero que nada se equipara a las bacanales que arrancan con el juevebes y terminan con el dormingo.

 

19. Eso sí, sabes cómo curártela como un verdadero maestro.

Ya lo decía el buen Germán Valdés:  “A comer pancita, con los agachados, que vengo muy crudo”. No hay cruda que se le resista a un desayuno generoso, caldoso, calientito y picoso. Si te sientes en ánimo aventurero, siempre puedes incluir una nueva chela con el desayuno para conectarla y que el día haga contigo lo que mejor le plazca. ¡Salud!

Via: Matadornetwork

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