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Desde los 16 años Martín ya andaba armado. Su primer cuete fue un revólver que compró a un amigo con el que cometió varios atracos, muchos de ellos, con lujo de violencia.

Ahora Martín, originario de Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México, tiene 38 años y es guardia de seguridad privada.

Abandonó la vida delictiva a finales del 2005 cuando su novia le anunció de golpe que estaba embarazada. Martín no emitió ni un solo sonido, cuenta, y sólo guardó el cepillo y el aceite 3 en 1 con el que limpiaba su escuadra .38 de cachas de madera. Tenía 28 años.

“Me quedé pendejo, carnal. Me valía madre que fuera niño o niña, en serio me valía madre, lo único que quería con todas mis fuerzas era que naciera bien y que mi morra no se quedara en la plancha o algo así. Ya ves que luego hay complicaciones… [de parto]. Desde ese momento tuve que pensar, no nada más en mí y en mi vieja, ahora vendría alguien al mundo que me vería como un ejemplo. La neta me cambió la vida”.

No le quedó más remedio que “llevársela por la derecha”, platica. Sabía que la suerte estaba de su lado desde hacía una década de vida criminal. Jamás había pisado una cárcel. Pero también sabía que tarde o temprano, como el resto de su gavilla, podía terminar preso o muerto a la mitad de un “trabajo”.

La especialidad de Martín era el robo a casa habitación. Con un equipo de dos personas estudiaba las casas durante días, incluso semanas, hasta dar el golpe que culminaba con la venta de todo lo robado: desde televisores, equipos de sonido, videocaseteras y DVDs; hasta ropa, tenis y lociones.

Se hacen llamar “Zorreros”. Hábiles para entrar, salir y vaciar una casa en cuestión de minutos. Estos ladrones no actúan en grupos de más de cuatro personas porque según Martín, “está bien balcón andar un chingo de cabrones afuera de un cantón, además hay que repartir entre varios”.

“Estudiábamos todo: Desde qué casa parecía fácil y chingona, hasta cuántas personas vivían en ella. Si después de andarcampaneando el cantón veíamos que no entraba nadie, atorábamos un papelito en la puerta. Al otro día regresábamos y buscábamos el papelito, si todavía estaba ahí, era porque definitivamente no había nadie. La casa estaba completamente sola”, dice Martín al recordar su modus operandi.

“El Giovanni estaba bien flaco. Fácil podíamos subirlo [a la barda de la casa] entre el Aníbal y yo. De ahí, él veía cómo estaba el asunto. Después ayudaba al otro a subirse y luego yo le brincaba. Yo no necesitaba que me ayudaran, sólo tomaba vuelo y apoyado en la pared me subía en chinga. Todo esto lo hacíamos en menos de un minuto. En el patio rompíamos un vidrio y en chinga para adentro.

Ya estábamos sincronizados: uno desconectaba todos los aparatos eléctricos, otro buscaba en los cuartos joyas, relojes y dinero, todo lo pequeño. Mientras, el tercero empezaba la rapiña usando las mismas sábanas de las camas. Yo me iba sobres con el estéreo. Siempre me han gustado los pinches estéreos y siempre había uno más chingón que el que ya me había robado anteriormente.

En las fundas de las almohadas echábamos la feria, las joyas, los relojes y hasta los condones que encontrábamos. Todo esto lo hacíamos en chinga, sin detenernos a platicar pendejadas. Todos bien concentrados para no cagarla ni hacer ruido. Ya si veíamos que de plano no había pedo, hasta nos comíamos lo que había en el refri, y dejábamos todo hecho un desmadre. El Aníbal se llegó a cagar en las camas, les dejaba un recuerdito”.

 

Cuando le pregunto si las casas siempre estaban vacías, mira hacia otro lado y le da una calada al Marlboro rojo que prendió con la colilla de otro que ya tiró. Tarda un poco en responder pero al final suelta:

“Nel. Había veces que estaba toda una familia entera, una pareja o puras viejas. El pedo aquí es tomar control de la situación, intimidar y soltar vergazos. Si la vieja gritaba, en chinga le metíamos un putazo: ‘¡Órale hija de tu puta madre, ya te cargó la verga, culera!’ La vieja entraba en shock, se caía al piso y aprovechábamos para amarrar a todos”.

Los amarraban con lo que hubiera, cuenta, desde agujetas de tenis, hasta corbatas y cintas de batas de baño. A gritos les pedían que no voltearan a verlos. “Uno nunca sabe, carnal. Hay que imponer. Luego hay mucho pendejo que se quiere hacer el valiente y no te queda más que reventarle su madre”.

Asegura que sólo los asustaban para que se les quitara lo valientes. “Con una calentadita, un pinche cachazo en la cabeza y como es re escandalosa tanta pinche sangre, le bajan de huevos y después hasta te dicen donde tienen el billete tosco”.

Le pregunto si llegaron a abusar de las mujeres. “No mames, carnal, era ratero no violador. Uno hacía esos enjuagues por el varo, por el puro placer de hacer feria y no te vas a poner de ojete queriendo agarrarle las tetas a una vieja, por muy culo que esté. Al chile sabes a lo que vas y cómo lo vas a hacer. Ya cuando las cosas estaban listas en el patio, yo sacaba mi equipo de cerrajero y desde dentro abría la chapa. Después salías como si nada. Metías las cosas al coche y a enfilarle a la casa de alguien para repartirnos todo”.

Algunas cosas se las quedaban y otras las vendían. “Todo dependía de la necesidad: si yo ocupaba una tele y ya tenía estéreo, pus’ qué chingados, me quedaba con la tele y así. Lo demás lo vendíamos al otro día. No puedes estar con la bronca más de dos días, así que a darle en su madre a todo”.

Cuando les iba bien, no ganaban más de dos mil pesos por persona, cuenta, pero si no había sido un buen botín, máximo se llevaban mil quinientos. “Lo hacíamos diario, de lunes a domingo, así que siempre andaba con feria. Ocho mil semanales, mínimo, carnal. Lo chingón era cuando nos pedían un mueble(coche). Ahí sí eran cinco mil varos seguros”.

Martín cuenta que los coches eran por encargo, por un contacto en la Policía Judicial del Estado de México (PJEM), según dice, un comandante. “El chiste es que este puto me llamaba y me decía qué coche quería. Normalmente eran Spirits, Cougars, y así. Nosotros los robábamos y los poníamos a donde nos dijeran. El pago era rápido y en efectivo, así que esos enjuagues no me los perdía”.

Asegura que en el robo de autos había más presión, ya que eran por encargo. “No la hacías mucho de pedo. Sólo veías la nave, le dabas línea y en cualquier semáforo, ¡madres! Mi cuate El Chamaco encañonaba al conductor, lo pasaba para atrás y ya. Bajábamos al puto ese en cualquier calle de Neza y nos tendíamos a dejar la pieza“.

Cuando le pregunto si alguna vez le tuvo que disparar a alguien, confiesa:

“Nel, pero un día allá por Cabeza de Juárez (delegación Iztapalapa, CDMX), El Bogus, que estaba bien pinche salado, vio un Tsuru rojo que le latió. Un ojete le abrió la puerta a su vieja y después le caminó del lado del conductor para entrar. Fue ahí cuando el Bogus se le fue encima, lo encañonó y yo me le fui a la vieja. Pero no sé cómo el güey ése, que además estaba medio mamado, le dio un pinche aventón al Bogus y le tiró el cuete. Yo ese día no andaba armado porque no había podido rentar unfierro; el mío no lo usaba pa’ chambear y sólo traía una navaja de ocho pulgadas.

Yo ya había agarrado a la vieja de las greñas para pasarla al asiento de atrás y de repente, ¡madres!, que siento un patadón en la mera jeta, mientras el güey me gritaba que a su vieja no la tocara, cuando me iba a dar otro patadón, saque la punta y le dejé ir dos piquetes en el cuerpo. ¡Ande hijo de su puta madre!”

—¿Lo mataste?

“No sé carnal, la neta no me quedé a ver. Tengo que seguir trabajando, luego platicamos”.

Martín trabaja desde hace más de 13 años como elemento de seguridad privada. Se casó con su novia, aquella que le cambió la vida. Un par de años más tarde tuvieron otra hija. Ahora el ex “zorrero” trabaja turnos de 12 a 24 horas, gana 9 mil pesos al mes y como elemento de defensa carga un tolete y un spray con gas pimienta. De vez en cuando fuma crack y también inhala “activo” (thinner) durante su turno de vigilancia, cuenta. Dice que lo único que le quedó de aquellos tiempos son el gusto por seguirse drogando, así como por los estéreos. Hace una quincena completó para comprarse un minicomponente Sony que también lee MP3. En marzo del 2014 le diagnosticaron diabetes.

 

Con información de: Vice

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