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Hay un limbo infernal al que entras cuando ya se te acabó el dinero y estás a muy pocos días de tu siguiente recompensa. Es doloroso porque al estar tan cerca de la riqueza otra vez, entras a un estado mental en el que te quieres consentir y alivianar el peso de la vida laboral, pero no puedes. Estás jodido. Hay lugares en los que puedes comer que están a tu alcance pero sólo acentúan tu miseria. Estos son algunos.

Tu cubículo

gLa hora de la comida debería de ser un descanso lleno de goce y felicidad, pero desempacar tu sandwich o tu comida de tupper ahí mismo en tu asiento se siente como una forma de esclavitud. Necesitas aire libre, risas, pájaros, movimiento. Es horrible no poder salir.

6

Las mesitas del Oxxo

Uno de los pocos lugares en donde tanto la pizza como la hamburguesa saben mal, es en el Oxxo. Pocas cosas son tan deprimentes como recalentar un pedazo de carne quemado entre dos panes secos y sentarte a comer ahí mismo. No te rindas, aunque sea cambia de locación, ve al parque o algo. Quiérete.

5

El carrito de guajolotas

Las guajolotas son un manjar callejero, pero en situaciones muy específicas. Comer una torta de tamal por necesidad y conveniencia no está nada chido, le quita el encanto.

4

Food Court de centro comercial

Ruido, chingos de gente y buitres desesperados que te observan comer para apañar tu lugar. Hay mucha variedad pero bajo nivel de placer.

3

El puesto de papas

Hay veces que no tienes ni tiempo ni dinero, y para esa espantosa situación existe el puesto de papas, para echarte algo que sea suficiente para mantenerte con vida. Triste, pero con vida.

2

Sirloin Stockade

Este lugar es particularmente triste porque pretende emular la experiencia de una comida fina, te ofrecen sushi y cortes pero de la peor calidad, huele feo y el ambiente es lúgubre. Lo único que consigue Sirloin Stockade es recordarte que todo lo bueno en esta vida sale caro.

1

Mcdonald’s

Un godinez entra a McDonald’s, se acerca al mostrador mientras afloja su corbata, suspira y pide el combo del día. Al recibir su bandeja, se da cuenta que el combo del día no es de Big Mac y suelta una lágrima mientras se abre paso entre niños ruidosos e inquietos.

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