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7

En el coche de tu papá

Justo cuando le pedías a tu papá su coche para pasar por tu cita, lo pensabas no sólo para tener un medio de transporte e impresionar, si no también para, al final de la noche y frente a la casa de tu novia, fajarse.

En tu pubertad sólo querías eso.

6

En el cine

Al ir al cine ni por tu cabeza pasaba ver la película; lo único que quería era agarrarte a besos con ese galán que, por cierto, aplicó el truco de levantar los brazos, estirarse y así, poco a poco, abrazarte. Ese fue el comienzo de tu faje.

5

En la sala de tu casa

Al anochecer, ya cuando todos se había ido a dormir a tu casa y para no estar en tu recámara, porque tus papás no te dejaban estar con un niño ahí, te mandaban a la sala.

Qué ilusos padres; ese lugar también sirve, y mejor, para fajar.

4

En el baño de una fiesta

Cuando la fiesta se ponía candente, sólo querías agarrarte a besos y… también agarrar algo más. Y como no querías que te vieran todos, aplicabas la de irte al baño con tu cita, o al menos, tu ligue del día.

Momentos después, todos te tocaban la puerta para hacer lo que tú no estabas haciendo.

3

En el parque

¿Acaso creías que todas las parejitas que se “echan” en el pasto sólo meditaba o platicaban? Obvio es un lugar ideal para fajonear; así aprovechabas la naturaleza.

2

En el salón de clases cuando todos se iban

Piénsalo… es el recreo todos salen, nadie quiere estar más en un salón de clases; el maestro está intentando ligarse a la de recepción. ¿Qué te quedaba? Fajonear sobre una de las bancas… casual.

1

En el cuarto de tu casa cuando no había nadie

La cereza en el pastel. ¿Qué hacer con tu novio cuando no estaban tus papás? Sí, justo eso, aprovechar la casa al máximo, en especial tu recámara que se convertía en el escenario de tus tempranas perversiones: fajar.

Vía: 7boom

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