El capo mexicano Alfredo Beltrán Leyva, uno de los líderes del Cártel de los Beltrán Leyva, que fue sentenciado este miércoles a cadena perpetua en Estados Unidos, no es el único narco mexicano que pasará el resto de su vida en la cárcel.

 

Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo” (EFE)

“El Mochomo” Beltrán Leyva fue extraditado a Estados Unidos en enero de 2014. Está identificado como líder de La Federación, que controla las operaciones de transporte de droga, lavado y cooptación de funcionarios públicos en seis estados del occidente y norte del país.

También se lo identifica como cabecilla de los grupos de sicarios Los Pelones, en Guerrero (sur), y Los Güeros, en Sonora (norte).

“El Mochomo” integró junto con cuatro de sus hermanos —Arturo, Mario, Carlos y Héctor— una organización que fue parte del Cártel de Sinaloa durante casi dos décadas. Su captura, en 2008, desató un enfrentamiento entre sus hermanos y “El Chapo” Guzmán, a quien acusaron de haber participado en la detención.

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Los sentenciados

Uno de los primeros capos sentenciados a esta pena fue Juan García Abrego, quien a pesar de haber nacido en EEUU su familia es mexicana y su actividad criminal la desarrolló desde este país.

 
Juan García Abrego

García Abrego era jefe del Cártel del Golfo, una de las tres principales organizaciones criminales que operan a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.

En enero de 1997 fue sentenciado por un juez de Houston, Texas, a 11 cadenas perpetuas consecutivas y a pagar una multa de casi 500 millones de dólares tras ser encontrado culpable de 22 delitos relacionados con el tráfico de drogas.

En noviembre de 2011, José Alberto Márquez Esqueda “El Bat” fue hallado culpable de conspiración para distribuir metanfetaminas para el Cártel de Tijuana y la pandilla Mafia Mexicana.

Márquez Esqueda es señalado como uno de los participantes en la balacera del 24 de mayo de 1993 en la que perdió la vida el cardenal mexicano Juan Jesús Posadas Ocampo en medio de un fuego cruzado entre integrantes de los cárteles de Tijuana y Sinaloa. El objetivo era matar a “El Chapo” Guzmán.

 

Leandro Salas Galaviz, alias Daniel Obregón, ligado al Cártel de Los Zetas, recibió en diciembre de 2011 la sentencia de cadena perpetua y se le impuso pagar una multa de 13 millones de dólares por tráfico de marihuana y cocaína.

Su esposa, Mayra López, y su madre, Josefina Galaviz, fueron condenadas también a 11 años de prisión por blanqueo de dinero y asociación delictuosa.

Juan Roberto Rincón Rincón, un lugarteniente del Cártel del Golfo, fue sentenciado a cadena perpetua en mayo de 2013 por su participación en el contrabando de 10 toneladas de marihuana a EEUU.

La sentencia fue elevada a cadena perpetua tras determinarse que Rincón usó armas peligrosas como granadas, lanzacohetes, cañones de fabricación casera y armas automáticas para realizar sus actividades. También se lo encontró culpable de sobornar a funcionarios en ambos lados de la frontera.

Se le impuso un pago de un millón de dólares de multa por cada uno de los cargos por los que fue declarado culpable.

Juan Francisco Estrada González, uno de los dos líderes de la banda Los Palillos, una célula disidente del Cártel de Tijuana, fue sentenciado a nueve cadenas perpetuas en octubre de 2014.

Después de un juicio de 15 meses en una corte de San Diego, en California, Estrada González había sido elegible para la pena de muerte por seis asesinatos y cuatro secuestros, entre otros.

En las mismas fechas, Jorge Rojas López, el otro líder de Los Palillos, recibió una pena de 12 cadenas perpetuas sin la posibilidad de libertad condicional, más 162 años y seis meses de prisión por 16 delitos, entre los que figuran nueve asesinatos, tres secuestros e intento de homicidio de un policía.