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Son las 12 del día. Un ladrón de celulares del Metro va a dar una entrevista para Letra Roja en la estación Ermita de la Línea 2.

Nos pide que lleguemos puntuales, como buenos chilangos, nos veremos abajo del reloj. Nos dijo que iba a traer una sudadera gris, pantalón de mezclilla y una bolsa negra en la mano.

Apenas entramos al andén lo reconocimos, un saludo normal, pero nervioso. Nos dice que nos vamos a mover y hace una seña. Antes de subir al vagón, se pegan otros tres amigos, cómplices, compañeros de trabajo.

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Pedro, “El tunas” como le dicen sus amigos nos presenta al “Mirrey”, al “Alvin” y al “Joko”.
Ellos forman parte de un grupo de carteristas del Metro. No todos están de acuerdo con la entrevista y nos hacen un comentario básico antes de empezar y mientras el gusano naranja avanza.

“Si sacas nuestra cara o dices nuestros nombres, te vamos a buscar y te vamos a meter una putiza”.

Movimos la cabeza de enterados y lo siguiente fue bajar en Pino Suárez. Apenas descendimos del vagón y ya llevaban un celular que sacaron en el viaje y del que nadie se dio cuenta. Se ríen y lo guardan en una mochila.

Nos detenemos en un pasillo y ahora sí, de lleno a la entrevista.

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Lo primero que nos gustaría saber es su grado de estudios y si tienen familia. Sólo “El tunas” va a contestar las preguntas. Pero él dice que todos (los presentes) dejaron trunco el bachillerato. Sobre las familias, dos tienen hijos y dos no, pero ninguno los mantiene.

Pedro dice que empezó a robar hace un año más o menos. “Para mí es un trabajo, pero yo voy cuando quiero y decido cuánto gano”.

En promedio tardó cuatro meses en aprender a sacar celulares, “yo no trabajo con carteras, porque la gente ya no carga dinero y es más pedo, yo puro celular”.

Lo primero que haces para aprender a robar es ser “manada“, o sea, los que empujan y distraen a las víctimas. Luego te enseñan cómo sacar el celular, y al final aprendes a ser “caja“, los que esconden los objetos robados.

“Aquí hay muchas formas de trabajar, hay unos que sólo roban con empujones, otros usan distractores, otros con viejas, otros con niños, con bultos, hay muchas formas”

Nuestro entrevistado menciona por lo menos ocho formas de robar, pero asegura que siempre salen nuevas, que depende de cuántos trabajen y depende de si son hombres o mujeres.

“Nosotros trabajamos con puro empujón, se forman dos y dos (de un lado y de otro), con los ojos haces la seña del celular y cuando entramos todos vamos sobre ese”.

En este punto hay dos cosas importantes, la primera es nunca ver a la víctima a los ojos, y la segunda es proteger a “la caja”.

“Una vez que sacas el celular, lo pasas a “la caja” y metes un distractor o te haces pendejo hasta que la gente diga lo que según vio o lo que según pasó”.

Pedro dice que en promedio sacan 10 celulares por día, a veces más si van en la mañana y en la tarde.

“Sacas dinero de dos formas, si no lo bloquean (el celular) antes que lo vendas, en Meave o en un tianguis te dan buena lana, y si alguien activa el IMEI para bloquear el celular, lo vendemos por piezas”.

El costo de los celulares depende de la marca, el modelo, el uso y en algunos casos hasta del color. “El Tunas” asegura que ganan cerca de cuatro mil pesos a la semana cada uno, algo así como 16 mil pesos en grupo. Descansan dos días y trabajan el tiempo necesario.

“Hay celulares por los que te dan 200, otros 400, otros mil, o sea no hay pierde, a todo le sacas”

Le preguntamos de manera directa qué pensaba de que le quitaba sus cosas a gente que a lo mejor no tiene para comprarse otro celular. —Bajó la mirada, hizo la finta de sonreír, un pequeño suspiro y respondió.

“Mira, la neta me vale verga, esa es mi forma de sacar dinero y así como hay doctores y como hay narcos, hay unos que robamos en el Metro. Los políticos también le roban a la gente y a ellos nadie los mete a la cárcel ni los policías andan detrás de ellos”.

Se le pregunta también si cambiaría de trabajo y la respuesta nos sorprende. “Si alguien me paga lo mismo que gano aquí, sí me salgo de trabajar, pero como nadie lo hace porque no tengo escuela, pues aquí seguiremos”.

También lo cuestionamos sobre si sus familiares han sido víctimas de rateros en el Metro y asegura que sí, pero cuando eso pasa “les robamos unos más chingones”.

Un tema que nos llama la atención es la corrupción, pues contrario a lo que se puede pensar, Pedro dice que los arreglos se hacen con los policías o con el Ministerio Público.

“Hay veces que los policías nos dejan trabajar y cuando ya llevamos un rato, nos buscan y nos quitan los celulares, así nos dejan ir. Otra veces llegas al MP y ofreces una lana, si la tienes, y ya te dejan ir”.

Con esto queda claro que aunque la alianza no está dicha, las autoridades, policías y Ministerio Público sí trabajan para beneficiar a estos grupos, peor aún, cuando les llegan al precio los dejan en libertad para que sigan haciendo de las suyas.

Por último, tratamos se sacar un lado más humano y le decimos que si piensa que esto se va a acabar algún día. —Pedro se ríe, entre nervioso, entre enojado. Hace muecas, aprieta los puños y suelta la estocada final.

“Mientras la policía no haga nada, mientras el gobierno siga ganando dinero, mientras no haya trabajo, mientras la gente no se ponga pendeja y mientras todos sigan así, vamos a seguir robando, es la forma como nos tocó vivir y hay que salir a trabajar para llevar comida a lasa casano importa como sea“.

Los robos en el Metro de la Ciudad de México siguen al alza y aunque las autoridades dicen que ya están trabajando para erradicarlos, hay muchos trabajo por hacer.

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