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Mi mejor amigo, se llama Zen. Es un tipazo.

Todos los días dormimos juntos, y él lo hace hasta que yo decida levantarme de la cama. En cuanto se da cuenta que estoy despierto, de un salto se posiciona rápidamente en la puerta, con la mirada fija en la perilla. En cuanto abro, me acompaña al baño; su cola es un látigo que golpea sin parar barandal y pared, y a veces, a mí. Lo hace mientras me mira vaciar la vejiga; sus ojos ansiosos saben lo que sigue: bajaremos a la cocina y buscaré una bolsa de plástico, para después salir a la calle y así poder mear el primer árbol que está a dos metros de nuestra casa. Acto seguido, caminamos -él y su nariz, siempre adelante, guiando el camino- hacia un prado.

Mientras él realiza sus asuntos, yo reviso el celular, mientras que con un ojo me fijo dónde será que mi amigo decida cagar. El no entiende porqué debo levantar sus boñigas, sin embargo ya se ha acostumbrado, y hace mucho que no me mira raro. Habiendo cumplido su objetivo primario, su cerebro se enfoca en encontrar una piedra y traérmela para que yo la lance. Una y otra vez, repetimos el proceso, entre cinco o diez veces antes de volver a casa, todo depende de mi humor y de qué tan tarde me haya despertado.

Al fin en casa, nos separamos unos minutos: él a beber agua como si no hubiera tomado liquido en meses; y yo, a sentarme en la computadora a trabajar. Cuando termina, vuelve conmigo, se tumba, y se vuelve a soñar mientras yo trabajo. Zen, es mi mejor amigo, nos complementamos. No sé qué sería de mí sin él, y de él sin mí. 

  • En la vida íntima de algún admin de Soundmeup

Todos los años siempre es lo mismo.

Miles de feligreses visitan la Ciudad de México, para festejar el día de la Vírgen de Guadalupe, y muchos de ellos viajan acompañados de sus perros. Desafortunadamente, muchos de ellos terminan abandonados, pues sus dueños vuelven a su lugar de origen sin ellos.

De acuerdo con declaraciones de Antemio Mata Pindter, director de Protección al Perro Callejero (ProPerro A.C.), afirma que cada año, las mascotas siguen a sus dueños durante el peregrinaje. Después son abandonados en la calle, en las demarcaciones de la Basilica. Para los días 13 y 14, las personas encargadas del antirrábico realizan un recorrido por la delegación Gustavo A. Madero para recoger a los animalitos abandonados, los cuáles son sacrificados, pues nadie acude a buscarlos.

Se estima que cerca de 200 perros son abandonados año tras año: “Me parece contradictorio que la gente que va en la búsqueda de un milagro, que va a rezar y a dar gracias por la vida, abandone a un ser que depende totalmente de ellos”. De acuerdo con cifras de la organización, estima que tan sólo en el Distrito federal se sacrifican 55 mil perros anualmente, de los cuáles 35 mil, son entregados por sus mismos dueños para que acaben con su vida.

Si tener alma significa ser capaz de sentir amor, lealtad y gratitud, entonces los animales son mejores que muchos humanos. -James Herriot, veterinario y escritor inglés.

Fuente: Publimetro

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