Uno de los lugares comunes que más odiamos los chilangos cuando viajamos a los estados es que digan que la CDMX y/o sus habitantes huelen feo.

Aunque no todo y todos huelen feo, lo cierto es que los chilangos cada vez nos acostumbramos más (y contribuimos) a que la ciudad se llene de olores desagradables.

Aquí van siete lugares de la Ciudad de México que indudablemente huelen feo y en los que tratamos de analizar a qué se debe esa situación.

El Centro Histórico

En 1991, María Félix le dijo a Jacobo Zabludovsky (quien, a su vez, estaba en un programa de Verónica Castro) que el Centro Histórico olía a orines y le exigió a Carlos Salinas de Gortari (entonces Presidente de México) que lo limpiara porque era una vergüenza.

Hoy, 15 años después, el Centro sigue oliendo a meados y otras pestilencias. Aunque es cierto que ha mejorado en muchas zonas, hay otras como Moneda, Santo Domingo o Pino Suarez que mantienen la pestilencia a la que aportan personajes como los vendedores ambulantes.

El Aeropuerto

Casi 400 hectáreas colindantes con el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México están cubierta de basura, y es que ahí se encuentra uno de los tiraderos más grandes del mundo: el Bordo Poniente.

Aunque se clausuró hace unos cinco años, millones de toneladas de basura se han estado pudriendo ahí desde los años 80 en montañas que alcanzan los 20 metros de alto.

De ahí proviene un olor que a veces es insoportable y que inunda las pistas y hasta las salas de espera de la terminal aérea chilanga, especialmente (quién sabe por qué) en las mañanas.

El transporte público

El Metrobus, el Metro, los Trolebuses, los RTP y los ?micros? suelen tener un olor mezclado entre sudor, cola, sobaco y grasa a ciertas horas (cada vez más constantes) y especialmente en las épocas en las que hace mucho calor o cuando llueve (es decir, casi todo el año en la Ciudad de México).

Es normal que esto suceda durante las grandes concentraciones de personas en espacios tan pequeños, pero en los últimos años lo ha agravado algo cuya solución está en manos de los usuarios: la higiene.

Así que si todos usan agua y jabón (ojo, no es discriminación, todos pueden hacerlo) y si se lavan los dientes, seguro bajaría algo esa peste a la que los chilangos ya se están acostumbrando al usar el transporte público.

También hay taxis que huelen feo, ya sea porque el chofer no lo lava, porque no es muy higiénico con su persona, porque los pasajeros no son higiénicos o, una de las más comunes, el conductor utiliza su unidad como dormitorio (esto se detecta especialmente por la mañanas).

El Metro Merced

Merece mención aparte. Muchas estaciones del Metro apestan, pero esta tiene un ya tradicional olor que la caracteriza desde hace décadas, que es una mezcla entre verduras, basura y caño que hacen que cualquier usuario que viaje en la Línea 1 se entere que está por llegar a la estación Merced.

Obvio, el olor es por el legendario mercado de La Merced que está arriba y que durante muchos años fue para la Ciudad de México el equivalente a lo que hoy es la Central de Abastos.

Los paraderos

El que les guste: Chapultepec, Taxqueña, Pantitlán, Toreo, Taxqueña, Rosario? todos apestan a comida, meados, caca, basura y toda una colección interminable de malos olores.

Y es que los paraderos de la Ciudad de México son una especie de zonas libres en donde los choferes y ambulantes tienen su propia ley, por lo que pueden orinar en la banqueta, vender fritangas de dudosa limpieza y dejar basura al pie de cualquier poste esperando a que alguien, algún día, la recoja.

Las coladeras

No es que esperemos que las coladeras huelan bonito, pero el drenaje de la Ciudad de México (?remodelado? a finales de los 70) ya es insuficiente, por lo que suele tener obstrucciones y acumulación de residuos que hacen que surja de ellas una peste incontrolable, especialmente cuando hace mucho calor o cuando llueve (sí, otra vez nos referimos a casi todo el año).

Pero una gran solución a esos malos olores se la debemos a los encargados de los restaurantes de la Condesa y otros rumbos, que nos han enseñado que taparlas con un tapete o un plástico ahorra cualquier incomodidad para los comensales de sus terrazas. Eso sí, por la mañana, las destapan para echar ahí los residuos que salen cuando limpian sus locales.

Las terminales de autobuses

Aunque han mejorado en comparación con un par de décadas atrás, las terminales del Norte, Sur, Tapo y Tacubaya siguen siendo lugares que tradicionalmente huelen feo.

Aquí, los olores a basura y otros elementos se mezclan con los hidrocarburos, dando como resultado un aroma que a veces se impregna hasta en las maletas de los usuarios.

Como el servicio de sanitarios se cobra (lo que ha ayudado a que ya no sean tan pestilentes como antes), muchos usuarios optan por hacer sus necesidades fisiológicas en los alrededores de las terminales, por lo que la onda expansiva de su pestilencia puede alcanzar un par de cuadras? o más.

Vía Chilango

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